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Enseñando a pensar críticamente (I)

¿Es cierta la noticia que estoy viendo por televisión? ¿Toda la información que estoy escuchando es correcta o quizá puede haber otras versiones?

Póngamonos en situación: acabamos de escuchar por televisión que hay armas de destrucción masiva en Irak – comprobado por la CIA – y, por tanto, los Estados Unidos van a iniciar una invasión terrestre… que podría derivar en ocupación y causar numerosas bajas civiles (la gran mayoría inocentes) y militares – del bando “insurgente”, de Estados Unidos y, de haber ocupación, de los países que colaboren en ella -.

El pensamiento crítico es quien nos impediría en semejante ocasión quedarnos cruzados de brazos y creernos sin más lo que nos están diciendo. Otro tema sería poder hacer algo…

Para documentarnos podríamos buscar información adicional en otros medios – tanto defensores de la hipótesis como detractores; un caso típico son los periódicos de derechas y de izquierdas, o los blogs de Internet – para llegar a nuestras propias conclusiones.

Es obvio que NUNCA vamos a tener la información completa, ni sabremos siquiera qué es correcto y que no, pero al menos se puede intentar…

Según la Wikipedia, el pensamiento crítico se propone analizar o evaluar la estructura y consistencia de los razonamientos, particularmente opiniones o afirmaciones que la gente acepta como verdaderas en el contexto de la vida cotidiana.

Tal evaluación puede basarse en la observación, en la experiencia, en el razonamiento o en el método científico. El pensamiento crítico se basa en valores intelectuales que tratan de ir más allá de las impresiones y opiniones particulares, por lo que requiere claridad, exactitud, precisión, evidencia y equidad.

Por tanto, si queremos intentar distinguir entre lo que es cierto y lo que no, deberemos echar mano de él… ¡pero esto no es tan sencillo! ¿Qué ocurre si encontramos algo que no nos gusta, o que es contrario a nuestras creencias o a lo que nos parece más probable? ¡Hay que tener disciplina y capacidad de cambio!

Para comenzar con este tema tan importante, traigo un artículo que me gustó bastante. Toca la mayoría de puntos importantes, o eso creo…

Enseñando pensamiento crítico. Algunas lecciones de ciencia cognitiva.

Tim van Gelder, Profesor asociado en el Departamento de Filosofía en la Universidad Melbourne.

Artículo original: Teaching critical thinking some lessons from cognitive science

Traducción: Jorge Barón

Palabras clave: pensamiento crítico, ciencia cognitiva.
Pregunta sorpresa: ¿Por qué, excepto durante una luna llena, está parte de la Luna en sombra?

La respuesta más habitual, incluso entre universitarios de las mejores instituciones, es algo similar a esto: La Tierra bloquea la luz del sol, causando una sombra, y sucede que la Luna se asienta sobre el límite de aquella sombra; así, pues, parte de la Luna está iluminada mientras el resto se encuentra en la oscuridad.

Esta respuesta es, por supuesto, equivocada. Refleja un error conceptual ampliamente extendido sobre astronomía básica. Aún más interesante: ilustra un fallo típico para pensar críticamente.

Los estudiantes no se dan por enterados de que tienen en mente una hipótesis explicativa y que antes de aceptarla como verdaderadeberían compararla con otras.

Otra hipótesis es que nosotros estamos viendo la Luna desde su lado (asumiendo que el “frente” de la Luna está dando la cara al Sol). Y la oscuridad es la sombra que la Luna necesariamente crea de ella misma – el “lado oscuro de la Luna”. Para ver cómo esto funciona coge una naranja o una pelota de tenis y elévala cerca de una luz brillante.

La sombra, y la razón para ella, es obvia. Esta hipótesis alternativa no es difícil de advertir, y los estudiantes ven inmediatamente que es más plausible.

Entonces se dan cuenta de que han aceptado la primera hipótesis sin pensar realmente sobre ella, lo cual no es crítico.

Casi cualquiera está de acuerdo en que uno de los objetivos más importantes de la educación, a cualquier nivel, es ayudar a desarrollar habilidades generales del pensamiento (N.T.: las famosas “thinking skills“), particularmente las habilidades de pensamiento crítico.

Casi cualquiera también está de acuerdo en que los estudiantes no adquieren estas habilidades tanto como podrían y deberían. La dificultad estriba en qué hacer al respecto.

Aparentemente, necesitamos, por lo general mejorar nuestros sistemas de educación y enseñanza. ¿Pero de qué forma? ¿Qué mejoras deberían promover mejor el desarrollo de las habilidades de pensamiento crítico?

Una estrategia sensible es mirar a la Ciencia como guía. La ciencia relevante en este caso es la ciencia cognitiva, la ciencia interdisciplinaria del pensamiento: qué es, cómo funciona, cómo trabaja y cómo se desarrolla.

[…]

Yo no creo que la ciencia cognitiva ofrezca la historia completa de alguna forma. Por un lado, está incompleta y en un continuo estado de flujo. Nos da perspectivas, no la palabra final.

Además, la ciencia cognitiva proporciona información general o teórica, no alguna clase de registro detallado para la enseñanza actual. Sus descubrimientos deben ser cuidadosamente combinados con la experiencia práctiao que los profesores han acumulado, tanto como profesionales como individuos experimentados.

Sin embargo, los científicos cognitivos tienen algunas contribuciones que hacer. Han desarrollado algunas perspectivas muy generales sobre cómo pensamos y cómo aprendemos, y éstas pueden ser trasladadas al pensamiento crítico.

He resumido en seis sucintas “lecciones” algunas de las más importantes de estas perspectivas. Las lecciones tratan parcialmente del pensamiento crítico mismo, parcialmente sobre cómo las habilidades del pensamiento crítico son adquiridas, y parcialmente sobre cómo el pensamiento crítico puede ser mejor enseñado.

Lección 1: Pensar críticamente es difícil

La primera, y quizá más importante lección, es que pensar críticamente es difícil.
Aunque pueda parecer bastante básico, actualmente es un proceso complicado y la mayoría de la gente no es precisamente muy buena en ello.

La mejor investigación sobre este tema es un gran estudio conducido por Deanna Kuhn y descrito en su libro The Skills of Argument (1991). (N.T.: Las habilidades del argumento).

Kuhn tomó una selección diversa de 160 personas y estructuró amplias entrevistas, dándoles oportunidad de demostrar su habilidad para argumentar sosteniendo sus propias opiniones.

Ella recopiló una gran cantidad de datos, resume como sigue: una mayoría de gente no puede, incluso cuando es advertida, exhibir con seguridad habilidades básicas de razonamiento general y argumentación.

Por ejemplo, la mayoría de la gente, cuando es preguntada, tiene una opinión sobre un tema, como por qué algunos chicos no van a la escuela y se quedan en la calle. Una opinión típica debería ser algo así como “algunos chicos permanecen fuera de la escuela porque sus padres no les enseñan disciplina”.

Cuando se les pide justificar su opinión, sin embargo – para proporcionar alguna evidencia que lo respalde – más de la mitad de la población titubea.

Tienen cantidad de respuestas para solicitar la evidencia, pero lo que ellos dicen no es evidencia (o al menos no buena evidencia).

Continuará (o no)



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