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En busca de soluciones creativas (III)

Uno de los llamados “problemas matemáticos del milenio”, la llamada Conjetura de Poincaré, fue resuelta por el matemático ruso Grigori Perelman adoptando un enfoque imaginativo. Como curiosidad hay que decir que este matemático se negó a recoger la Medalla Fields (el “Premio Nobel” matemático) y no es seguro que quisiera recibir el millón de dólares ofrecido por resolverlo… ¡el dinero no es lo que más cuenta para todas las personas!

Esto puede ser algo llamativo, pero muy importante y generar un sentimiento apenas descriptible con palabras: en cierto modo todos tenemos la ilusión de descubrir, inventar o crear algo nuevo. Mandelbrot descubrió los fractales y en su camino (¡de toda una vida!) debió de sentir emociones indescriptibles, en un campo aparentemente marginal.

Los llamados “fractales” están íntimamente ligados a Naturaleza y sus formas.

Créditos de la imagen: Genista’s photostream (licencia Creative Commons). Fuente

Los artistas “sienten la necesidad” de crear. Muchos de los que jugamos al ajedrez buscamos “crear algo nuevo” y bonito, por lo que podemos incluso decantarnos por intentar crear una partida espectacular (hay partidas que se llaman inmortales por esto) en lugar de ganarla de forma sencilla. ¡Y podemos llegar a perderla en el intento! Puede ser o no ser, pero cuando lo consigues sientes algo indescriptible. ¡He tenido la fortuna de sentirlo! Y me siento privilegiado por ello…

Respecto a por qué unas personas son más creativas que otras y en qué área del cerebro y cómo se origina la “creatividad”, son más que reveladoras las palabras del Director del Centro de Imagen Biomédica del University College of London, el neurofisiólogo Mark Lythgoe, en el programa de Ciencia REDES:

“Bueno, la investigación que inicié se centró en un hombre muy interesante. Llegó a mí como consecuencia del trabajo que he estado haciendo con los artistas.

Este hombre sufrió una apoplejía, ingresó en el hospital, en la UCI, y cuando despertó del coma en el que había estado sumido durante un par de días, le pidió a su mujer que le diera un bolígrafo y un papel.

Se trata de un hombre que nunca antes había hecho nada artístico, ninguna escultura, ningún escrito: trabajaba en una obra. Pero le pidió un bolígrafo a su mujer y escribió una frase, y luego otra… ¡y la segunda frase rimaba con la primera! Escribió un poco más, ya tenía el verso de un poema… y empezó a escribir poesía sin parar: páginas y páginas de poesía.

Cuando salió del hospital, le pidió a su mujer rotuladores y lápices de colores, y empezó a pintar murales increíbles, para cubrir sus paredes, en el comedor, el salón, la cocina… a media noche, se levantaba, cortaba la madera de una mesa para hacer una escultura… y estoy hablando de una persona que jamás había sido un artista.

Tras la apoplejía, ¡este hombre no “podía” dejar de realizar obras artísticas!

Créditos de la imagen: procsilas’ photostream Fuente

Habló conmigo de ello, lo describía como burbujas que afloran a la superficie, burbujas a punto de estallar de creatividad. Sentía un impulso que nunca antes había sentido. Y que se manifestó a través del arte.”

Esto suscita una serie de preguntas:

¿Qué áreas del cerebro se activaron tras la apoplejía? ¿Por qué antes no estaban activas?

E importante también: ¿qué áreas han dejado de estar activas? ¿Acaso se ha producido una descompensación”?

Así, pues, en este artículo me gustaría adentrarme algo en este fantástico mundo donde pocas cosas son lo que parecen… ¿Me acompañas?

Sigue en la cuarta parte



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