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Enseñando a los chicos del jardín de infancia a jugar al ajedrez

Hoy toca irse a Alemania, donde el proyecto Ajedrez para niños – Schach fuer kids – continúa siendo un éxito. Con  el mejor nombre que se le puede dar a un proyecto de ajedrez, los cerca de 500 niños de los jardines de infancia de la ciudad noroccidental de Hattingen tienen unos nuevos amigos en “clase”: las 32 piezas que sirven jugar al ajedrez sobre un tablero de colores blancos y negros con muchas casillas…

De la mano de un artículo de prensa – y 2 niños pequeños, de tan sólo 5 añitos de edad – entraremos en la actualidad de este programa de ajedrez “antes de la llegar a la escuela”, cuyos resultados parecen estar siendo muy positivos. ¿Les apetece ver unas sonrisas? ¡A mí sí!

** Realmente, mirando algo más a fondo, parece que el proyecto concreto de ajedrez en los jardines de infancia se llama tal cual: “Schach im Kindergarten“.  Lo siento si me he equivocado, ¡el alemán no es lo mío!

Para compensarlo, y si alguien se atreve a traducir, les pongo los enlaces de dos artículos recientes (octubre-noviembre de 2009) del periódico de Hattingen, Der Westen:

Los niños del jardín de infancia juegan al ajedrez

El juego de los Reyes

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Artículo original (en inglés):  Teaching kindergarten kids to play chess (Enseñando a los chicos del jardín de infancia a jugar al ajedrez)

Berlín, 12 de noviembre de 2009

Por Vasilije Gallak

ajedrez para ninos_schach_fur_kids

Benjamin y Keiko se miran fijamente a los ojos. Al chico le encantaría saber lo que está pensando ella y a ella descubrir lo que está escondiendo bajo la manga.

De repente, Benjamin hace un movimiento, capturando uno de los peones blancos de Keiko con su rey negro. Los dos chicos de 5 años están en el jardín de infancia Kindernest, en Hattingen (Alemania), y están tomando parte en un programa para promover y establecer el ajedrez en los 173 jardines de infancia de Hattingen y otras pocas ciudades próximas del estado de Renania del Norte-Westfalia, en el noroeste de Alemania.

[N.T.: como se menciona arriba, el programa se llama Ajedrez para niños (Schach fuer kids). Hay varios más, pero por citar uno, otro programa que está funcionando bastante bien es Ajedrez en lugar de Matemáticas (Schach statt Mathe).]

Ralf Schreiber, iniciador del programa, dice que es el único proyecto de su clase en Alemania y hasta el momento está activo en 12 jardines de infancia [que cuentan en total] con un total de 500 chicos. Los investigadores están observando el proyecto y han esbozado ya algunas conclusiones sobre sus efectos.

Este juego estratégico de tablero ha fascinado a Keiko y Benjamin. Los dos niños mueven peones, caballos y torres sobre el tablero con un control admirable.

“No, no muevas tu dama”, avisa Benjamin cortésmente. “Si lo haces, te tengo en jaque.

Al borde de la mesa está sentado el pequeño Nick, mirando con grandes ojos. También de 5 años de edad, está orgulloso sobre su victoria en una partida contra uno de los profesores del jardín de infancia.

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Schreiber es un apasionado jugador de ajedrez, que se presentó con la idea de promocionarlo en los jardines de infancia cuando su hija Sarah, de 2 años y medio de edad, le preguntó sobre el juego.

Atraída hacia el tablero por Smarties [N.T.: se refiere a la marca de productos de chocolate con leche :)], ella aprendió rápidamente como se movían las diferentes piezas y las reglas básicas. Schreiber, de 50 años de edad, dice que el método que utilizó era prueba de la rápida capacidad mental de los niños de esta edad.

[N.T.: bueno, los redactores de las noticias acortan las declaraciones por razones de espacio… porque es evidente que este “método” no constituye una prueba, creo… ¿no? :)]

“Si alguien piensa que jugar al ajedrez es pedirle demasiado a un niño, esto se esfuma cuando los pequeños comen los dulces de chocolate”, dice.

La directora de la escuela, Silvia Mahle, no sabía nada sobre el ajedrez antes de que el proyecto comenzase, pero ahora es una entusiasta del juego.

“Hemos observado en los niños niveles más elevados de amabilidad, paciencia, respeto, y también de resolución [N.T.: quizá la traducción exacta exacto sea “decisión”], mayor concentración [N.T.: un período de concentración más amplio] y retención,” dijo. Los problemas del habla también han disminuido.

Y los niños aprenden reglas, tales como que las figuras de los reyes no pueden “estrecharse la mano”. Keiko y Benjamin entienden esto cuando mueven la figura más poderosa sobre el tablero con sus 64 casillas. A los dos reyes no se les permite situarse en cuadrados que estén uno al lado del otro. En esta partida no llegarán a un duelo. Keiko ofrece tablas [N.T.: el empate] y Benjamin lo concede.

Marion Boensch-Kauke, de la Universidad Humboldt en Berlín, está estudiando el desarrollo de los niños que participan en el proyecto de Schreiber y su comportamiento social. Un hallazgo es que a las niñas la pieza que más les gusta es el caballo.

Marion Boensch-Kauke visita un jardín de infancia en octubre de 2008

Marion Boensch-Kauke visita un jardín de infancia en octubre de 2008. La niña está pensando “Caballito, caballito, ¿qué voy a hacer contigo?”

“Pero no porque tenga la forma de un caballo,” dice Boensch-Kauke. “La razón es su inusual movimiento en forma de L.” Para la investigadora esto es un signo positivo: la creatividad es estimulada tempranamente de esta forma. Entre los chicos el ajedrez cultiva formas para luchar de forma inteligente. Además, se promueve la cooperación, y jugar al ajedrez tiene [también] otros efectos positivos en la atmósfera del jardín de infancia. Por ejemplo, los niños “maleducados” [N.T.: ¡traducción literal de “ill-mannered “!] están considerablemente más tranquilos cuando juegan al ajedrez.

Lo que es bueno para los niños no puede ser perjudicial para los adultos. Esto, según el club de ajedrez de Schreiber en Hattingen, es lo que ofrece a los padres la oportunidad de aprender ajedrez de tal forma que ellos tengan la posibilidad de jugar con sus niños en casa y al mismo tiempo hacer algo para mejorar sus capacidades mentales. Y puede ser divertido.

Schreiber dice que su iniciativa no es una búsqueda de talentos o una competición. Puesto que ellos no sienten la presión para ganar, Benjamin y Keiko pueden sentarse ante el tablero de ajedrez y mirarse con frecuencia a los ojos.



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