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En busca de soluciones creativas (8)

También, una vez más, comprobaremos que el pensamiento crítico puede salir victorioso contra quien no argumenta con razones e ignora, sin más, los hechos que se oponen a sus creencias

Un fantástico caso de perseverancia en pos de un objetivo lo constituye el descubridor de Troya, el alemán Heinrich Schliemann. Cuando tenía pocos años escuchó uno de los relatos legendarios del poeta griego Homero, La Ilíada…

Cuando nadie creía en él, Heinrich Schliemann fue capaz de mostrar que el mito de la guerra de Troya tenía un trasfondo real.

Esta obra habla de la mítica guerra de Troya y su posterior destrucción a manos del ejército aqueo (griego), mediante el regalo de un caballo de madera que dejan en la playa cuando, aparentemente, se retiran. El caballo llevaba dentro soldados que salieron cuando la ciudad festejaba la victoria y… ya se sabe.

De ahí la actual palabra informática troyano, programa que te cuelan en el ordenador con propósitos parecidos. Como curiosidad también se puede decir que el invencible Aquiles de la leyenda tenía un punto débil, donde se le clavó la flecha que lo mató (de ser cierto, la herida se habría infectado). Es lo que hoy se llama el talón de Aquiles.

Pues bien, como cualquier niño soñó con descubrir Troya algún día… ¡sólo que él siguió pensando eso cuando creció!

Tras una vida increíble – que recomiendo leer, o escuchar más abajo -, donde estuvo a punto de morir por causas varias (un naufragio, por ejemplo), supo hacerse rico aprovechando oportunidades como la Guerra de Crimea, la fiebre del oro en el continente americano, etc.

Mientras tanto – y a pesar de todos los que le tomaban por “loco”, algo típico de la gente que va en contra de la corriente ortodoxainvestigaba detalles del libro de Homero que le permitieran situar la mítica Troya. Finalmente la encontró – aunque con métodos poco arqueológicos – en la actual Turquía occidental, junto con parte del tesoro troyano, el llamado “Tesoro de Príamo“.

* Cuando era más joven, escuchaba (yo, Jorge) un programa de radio llamado la “Rosa de los vientos”. Su genial locutor, Juan Antonio Cebrián,  falleció prematuramente… :-( Como recuerdo quedan sus vívidos Pasajes de la Historia , ¡capaz de mantener en vilo hasta a la persona que más odie la Historia! Así que, llegando a Troya, no puedo menos que recomendar un Pasaje tan impresionante como los demás. ¡Absolutamente recomendable! :-)

Schliemann y el sueño por descubrir Troya (3.19 Mb)

Las realidades veladas: el entretenido vídeo del canal Historia…

Lamentablemente, tanto Colón como Schliemann murieron sin que apenas nadie se acordara de ellos

Sin embargo, al final de su vida el alemán buscaba otra tierra mítica, mencionada por el filósofo Platón en su obra Timeo y Critias: la Atlántida, situada más allá de las columnas de Hércules (aparentemente, el actual estrecho de Gibraltar). Pero hay que recordar que no siempre uno tiene razón… y podría no ser más que una licencia literaria de Platón, quién decía haber recibido el testimonio del sabio Solón, y éste a su vez de los sacerdotes egipcios…

Quienes han realizado tales descubrimientos no sólo parecían tener un pensamiento imaginativo, sino también muy crítico con lo habitualmente aceptado.

Aquí hay que hacer hincapié en un detalle crítico muy importante: ¿qué ocurre cuando nos llega la traducción de un libro escrito en una lengua y en un tiempo diferentes a los actuales? Obviamente el traductor ha interpretado las palabras según su conocimiento de la lengua y según el criterio lógico de su tiempo.

Pero, ¿y si no ha pensado como el autor y se ha equivocado en algunas partes? ¿Y qué ocurre cuando alguien traduce sobre su obra? Los errores se multiplican… Es como algo que una persona cuenta a otra y luego ésta a una tercera. Cada uno incorpora matices al mensaje – queriendo o sin querer – y al final puede significar algo muy distinto. ¡Esto sin tener en cuenta que algunas lenguas actuales no poseen una palabra específica para realizar la traducción!

Para buscar Troya, Schliemann aprendió el griego antiguo, traduciéndose en cierto modo – personalmente – “su Ilíada”. Con la Atlántida no sé qué hizo, pero sí se sabe lo que no han hecho la gran mayoría de los que la han buscado en todo el mundo: ¡traducir personalmente y sobre el original (o copia del mismo) el texto, palabra por palabra, tras haber aprendido la lengua original!

Con razón se la ha emplazado en las islas Canarias (donde quería buscar Schliemann), en las Azores, en Turquía, en varios lugares de América y, sobre todo, en el océano Atlántico.

En fin, de haber existido, podría haber sido la isla sumergida de Espartel, en el golfo de Cádiz (al oeste del Estrecho de Gibraltar), hundida tras la subida del nivel del mar al finalizar la última era glacial, hace unos 12.000 años.

Coincidiría el tiempo y la situación con el texto de Platón…

Un lector perspicaz se preguntaría si hay alguna relación entre la denominación del océano Atlántico y la Atlántida (a sus habitantes les llamaba Platón atlantes). Pues parece que no, puesto que el nombre del primero proviene de la cordillera del Atlas, situada en el extremo noroeste de Africa.

Lo de las traducciones e interpretaciones es un hecho más que relevante cuando se trata de otro documento de incalculable valor histórico y religioso: la Biblia. Los manuscritos originales, su datación, traducción – e implícita interpretación – a otros idiomas, los manuscritos que quedaron al margen (evangelios apócrifos, etc.; esto implicó una cierta selección), los textos descubiertos en fechas más recientes (manuscritos del mar Muerto, papiros varios, evangelio de Judas, etc.).

¿Ha sido todo traducido e interpretado correctamente del arameo y el hebreo antiguo al griego y demás lenguas?

Cuando un hecho ha tenido lugar sólo puede reflejarlo con una aproximada exactitud la persona que acaba de estar allí (hace muy poco tiempo), y aún así es imposible desprenderle una cierta subjetividad a su testimonio. Tal es el caso de los cuatro evangelistas, que tuvieron que citar las palabras de Jesús bastante tiempo después de su muerte. De existir Jesucristo, ¿transmitieron lo que quiso decir con exactitud?

En cambio, cuando hay pruebas físicas inalteradas pueden “hablar” por ellas mismas – sólo si no han sido modificadas o contaminadas de alguna forma -. Tal es el caso del Carbono-14 (C14), técnica aplicable a organismos que han estado vivos o restos de ellos en los últimos 50.000 años.

Series de televisión “inteligente” como C.S.I. muestran el trabajo realizado por la policía científica: recogida y posterior análisis de las pruebas físicas de los escenarios de un crimen, un secuestro, etc. Después deben interpretar las pruebas en ese contexto, hacerse preguntas (¿por qué esto estaba ahí? ¿cómo llegó ahí?, ¿cómo pudieron ocurrir los hechos?) y rastrear las diferentes pistas. En muchos momentos deben mostrar un pensamiento creativo y valorar la posibilidad de que haya varias interpretaciones de un mismo hecho.

Por tanto, siempre conviene analizar los máximos factores posibles…

Continúa en la parte 9

 



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