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Ajedrez didáctico: enseñando a pensar a través del “Preajedrez” (I)

Marina Rizzo y Ernesto Juliá son una pareja de ajedrecistas argentinos apasionados, además, por la educación de los más pequeños. Precisamente para ellos seleccionaron y adaptaron las virtudes del juego del ajedrez, extrayendo sus valores más importantes y mostrándolos con un montón de recursos sumamente divertidos.

Algo así como la comida “empaquetada” – rica en nutrientes – que llevan los astronautas en pildoritas cuando viajan al espacio. Sabe bien… ¡y además es bueno! ¿Y esto con qué finalidad? ¡La de enseñar correctos hábitos de pensamiento a los niños! Algo que hoy, seamos sinceros, parece brillar por su ausencia… Y es así como podemos decir que nacieron los didácticos juegos que forman parte del Preajedrez

¡Ahí abajo tenemos a Argentina!

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En su Escuela de Ajedrez llamada El Caballito de Palermo (Buenos Aires, Argentina; detalles y descripción de la web en la sección de enlaces), llevan compartiendo este sistema de “aprendizaje divertido” desde 1992. Y parece que da buenos frutos. Sólo por citar un ejemplo, por su emprendimiento en la labor de enseñanza del ajedrez Marina Rizzo recibió el Premio Emprendedor Inicia 2008.

Su andadura continúa y no nos hemos podido resistir a poner una leve “zancadilla informativa” en su camino para que nos cuenten algunos de sus secretillos en una entretenida entrevista. ¿Preparados? ¡Pues vamos allá!

El equipo docente de El Caballito de Palermo, pero no se engañen… ¡mi intuición ajedrecística me dice que uno de ellos no es profesor! :-) Marina es fácil de identificar y Ernesto está a la derecha de la palabra que acaba como su nombre.

Pregunta: En el momento actual se comprueba como una realidad que existe en una mayor cantidad de niños (cada vez más jóvenes) falta de atención, hiperactividad y, en edades ligeramente superiores, presión escolar, exceso de actividades extraescolares, y stress derivado de ello. La agresividad es una válvula de escape no poco habitual…

¿Crees que la televisión, internet o la propia educación actual proporcionan excesiva información a los niños?

¿Qué puede aportar el ajedrez a niños – y padres – inmersos en alguna de estas situaciones?

Respuesta:

El psiquiatra, investigador y escritor brasileño Augusto Cury (autor, entre muchos otros libros, de Padres Brillantes, Maestros Fascinantes, y autor del Proyecto Escuela para la Vida, en Brasil) explica muy bien lo que está pasando actualmente con la televisión, videojuegos y computadora. El explica que tantos estímulos por segundo generan en la mente del niño un síndrome que llama de “pensamiento acelerado” (S.P.A.), que le dificulta luego sostener su atención ante estímulos menos intensos.

Más allá de eso, el exceso de información también es perjudicial, porque al mismo tiempo no se da un guía al niño para que sepa discernir entre el cúmulo de información, que aprenda a poner prioridades, establecer objetivos. Y en esta “guía” habría que incluir valores, actitudes, hábitos de pensamiento, emociones, etc.

Creemos que en el currículum hace falta una disciplina que tenga que ver con “filosofía para niños”, o un “club de pensamiento”, como propone Edward De Bono. Una materia en la que se enseñe al niño a distinguir entre un pensamiento, un sentimiento y una emoción, por ejemplo. A ver qué ocurre con la toma de decisiones importantes cuando los pensamientos están “teñidos” de emociones negativas o violentas. Una disciplina que muestre al ser humano, en su totalidad, como un sistema único y complejo, con áreas complementarias (no separadas) mentales, corporales, emocionales y espirituales.

Cuando en la escuela hablar de las emociones fluida y naturalmente sea tan corriente como hablar de ciencias, arte ó música, otros serán los problemas a afrontar. Cuando podamos hablar también de espiritualidad, sin caer en ninguna doctrina religiosa.

Uno de los recomendables libros de Edward de Bono. ¿Cómo enseñarías a tu hijo a pensar por sí mismo?

En este contexto, ¿qué creemos que puede aportar el ajedrez y preajedrez a niños y padres?

Suelo recomendar a los padres tener disponible un espacio en la casa sólo “para pensar” o estar en silencio, relajados, en el que puede haber una mesa con un juego de ajedrez siempre “preparado”. Pero que también sirva para pensar deliberadamente en distintas opciones o “variantes” de alguna situación problemática del hogar.

Nos daremos cuenta enseguida que esta idea parece “alocada” o muy alejada de la realidad… y también nos hace tomar conciencia de que no tenemos el hábito de “sentarnos sólo a pensar”. Pero, en cambio, sí a ver la televisión, a chatear en internet, a conversar de temas cotidianos, a jugar. El “pensar” se nos aparece como una actividad tan “intangible” y “abstracta” que se nos pasa por alto tomarla como algo esencial de nuestro quehacer cotidiano. Como una práctica mejorable, como andar en bicicleta, en auto o aprender un idioma.

Un espacio para pensar, estar relajados… Como vemos, no son simples palabras, pues esta sala de D-Spacito donde Marina habla con los padres cumple esos requisitos, ¿no?

Edward De Bono nos dice en uno de sus libros, Cómo enseñar a pensar a tu hijo: “Si aceptas la idea básica de que el pensamiento es, en el fondo, una habilidad más que también puedes enseñar a tus hijos, entonces quizás sean suficientes dos o tres sugerencias para que influyan profunda y beneficiosamente en toda su vida.”

Me gusta también la definición que hace del “pensador eficaz” en el libro Aprender a pensar es aquel que tiene confianza en lo que piensa. Alguien que controla su pensamiento, en lugar de vagar de idea en idea, de emoción en emoción. “El pensador eficaz tiene claro lo que se propone: define sus objetivos y se decide a conseguirlos”. ¿No es esto lo que también nos enseña el ajedrez? ¿A definir una estrategia para conseguir nuestros objetivos a corto, mediano y largo plazo?

De Bono continúa hasta el límite con una imagen poética y, a la vez, clarísima:

“El pensador trata el pensamiento como una habilidad que merece la pena practicar y observar. Es capaz de pensar en el pensamiento en general y en su pensamiento en particular. Es objetivo y advierte en qué falla su pensamiento. Es constructivo más que crítico y sabe que el objeto del pensamiento es lograr una comprensión, decisión o línea de acción mejores; no le interesa probar que es más listo que nadie. Aprecia una idea como podría apreciar una hermosa flor, sin importarle en qué jardín esté creciendo”.

¿No es hermoso y más sencillo tratar así la habilidad de pensar? Como algo siempre dinámico, maleable, flexible, mejorable (sobre todo), sin importar el cociente intelectual con el que hayamos nacido…

Cuando el pensamiento y las opiniones comienzan a estructurarse, a volverse rígidas, a estancarse, empezamos a hacer de nuestro pensamiento “una madeja de juicios” sobre los demás y nosotros mismos. Y allí es donde el Coaching Ontológico comienza a tallar en nuestra conciencia: nos muestra las distinciones de nuestro lenguaje y cómo a través de ellas vamos “haciéndonos” como personas y “modelando” la realidad que decidimos vivir.

Yo ya he pensado mis objetivos, ¿y tú?

Pregunta:

La educación y sociedad actuales, salvo en ciertos países (como Finlandia, por ejemplo), tiende a fomentar el individualismo, la competitividad y favorece la media del grupo, ignorando los extremos.

¿En vuestro Caballito de Palermo se alimenta también la competitividad, a nivel ajedrecístico?

Respuesta:

Este es un punto fundamental en el que hay que trabajar permanentemente. La “competitividad” mal encarada puede ser fuente de numerosas frustraciones, deserciones, deformaciones del carácter y de un individualismo exitista. Todo lo contrario de lo que buscamos en la educación.

En nuestro taller alentamos decididamente el trabajo en equipo de varias maneras:

a) Ayudando a tomar conciencia de que cada color de piezas es en realidad un equipo y, como tal, la relación entre ellas debe ser armónica.

b) El vínculo con el compañero de juego (y no rival), y jugar CON y no CONTRA. La partida es un encuentro.

c) A través de juegos cooperativos, en el que ambos intentan lograr un objetivo conjunto, con una consigna particular.

d) A través de juegos corporales y grupales en tablero gigante u otros. En el tablero gigante, al jugar como piezas, los chicos vivencian el formar parte de un mismo equipo. No sólo piensan en su movimiento, sino en los compañeros que les hacen dar cuenta que necesitan ser defendidos, por ejemplo.

Ajedrez durante el Día de la Tierra: mejor que juguemos también CON ella y no CONTRA ella…

Pregunta: Históricamente se han venido otorgando al ajedrez numerosas virtudes, de forma, digamos, intuitiva: ayuda en la resolución de problemas, aumenta el grado de atención y concentración, la memoria, el cálculo, la visión espacial, el pensamiento lógico… (y los medios de comunicación aún siguen hablando en tales términos).

Con posterioridad grandes investigadores, como Alfred Binet o Adriaan De Groot, y numerosos estudios testearon estas posibilidades y otras, como las aptitudes numéricas y verbales, en grupos de diferentes edades, sexo y supuesto Cociente Intelectual. Unas cuantas investigaciones serían recopiladas en el clásico documento de Robert Ferguson Chess in education Research Summary. Algunos países, como Venezuela, implantaron el ajedrez como asignatura escolar…

¿Qué virtudes del ajedrez consideras como probadas?

Respuesta:

Partimos de la base de que, para realizar estas investigaciones, se recorta o se parceliza un “sistema”. Por lo tanto, los resultados de tales investigaciones son relativas a la porción tomada. Si a eso le sumamos que, en líneas generales, no se toman en cuenta ni el entorno social ni el área emocional de las personas involucradas, el estudio es muy acotado.

A nosotros, desde El Caballito de Palermo, nos interesa particularmente poner el énfasis en lo emocional, lo afectivo y lo grupal, tomando en cuenta que el entorno familiar o escolar puede ayudar u obstaculizar el crecimiento personal y el aprendizaje. Si el niño, por ejemplo, se encuentra dentro de un grupo que le resulta incómodo o agresivo, no podrá sacar a la luz sus potencialidades ni se verá facilitado su proceso de aprendizaje. O el niño que llega a una primera clase de ajedrez y debe “enfrentarse” (piensa en este término tan ajedrecístico, ya de por sí intimidatorio) con otro con el que puede “perder”…

Sí podemos decir que el ajedrez mejora las distintas formas de pensamiento establecidas: el estratégico, procedural, inductivo, deductivo, retrógrado, preventivo, intuitivo, lateral y creativo.

Y estimula otras virtudes (dependiendo del nivel logrado por el ajedrecista): memoria fotográfica*, por analogía, aumenta el grado dinámico de atención y concentración, la capacidad de análisis, evaluación y síntesis. Entrena en la toma de decisiones.

* Marina no se refiere exactamente (supongo) a este tipo de memoria fotográfica tan espectacular, sino a la asimilación de ciertas imágenes mentales o “fotos” – tomando patrones como base – durante un juego de ajedrez (no necesariamente una partida), que pueden llegar a ser recordados con gran exactitud y ser, por tanto, reproducibles.

Las virtudes del ajedrez pueden llegar a sernos útiles durante toda la vida. Y no hay muchas cosas que lo sean…

Continúa en la segunda parte

 



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