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Ajedrez didáctico: enseñando a pensar a través del “Preajedrez” (III)

En la segunda parte de la entrevista a Marina Rizzo y Ernesto Juliá comentamos las habilidades que el ajedrez podía ayudar a desarrollar en los niños, así como ciertos valores humanos importantes. Algunos métodos empleados para transmitir esto fueron sugeridos , así como la edad de comienzo más recomendable y la diferencia de pensamiento que algunos niños y niñas muestran con respecto al ajedrez.

Seguiremos hablando un poco más de este tema, así como de una característica habitual hoy en día: anticipar frases con connotaciones negativas (“será muy difícil”, etc.) ante una tarea intelectual. Marina nos hablará sobre la importancia del pensamiento positivo con dos entretenidas historias, similares a las que cuenta Paulo Coelho en sus libros. ¡Espero que le gusten!

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Pregunta:

En una entrevista anterior mencionabas un detalle curioso, relacionado quizá con por qué a los niños les puede gustar el ajedrez y a las niñas no tanto. Ante la pregunta ¿por qué os gusta – o no – el ajedrez?

– los niños respondían “me gusta porque me hace pensar” y

– las niñas contestaban “no me gusta porque me hace pensar”.

Actualmente numerosa gente “anticipa” determinadas actividades intelectuales con frases negativas como “tendré que pensar” o “es que es muy difícil…”. Se ha sustituido la palabra “ejercicios” por la más negativa “deberes”. Incluso gente a la que le gusta de verdad una cosa (como escribir en blogs en internet, por ejemplo, o resolver problemas de ajedrez) puede caer en la rutina y cambiar el “me gusta y lo haré por eso” por el “ufff, debo hacerlo otra vez”. Sin embargo, y no pocas veces, una vez realizadas tales “tareas” resultaban ser no sólo asequibles, sino divertidas…

Pasear por un tablero de ajedrez gigante es posible, pero tienes que llevar un salvoconducto, porque si te pillan sin él… uhh. Esta chica ha sido lista y lleva una torre: se ha salvado :-D

Recuerdo una anécdota personal que enfatiza este modo de pensar negativo…

Cuando era pequeño entrenaba para jugar al tenis pero, antes de ir a las pistas, había una charla teórica y luego debíamos correr varias vueltas alrededor de una piscina olímpica. Siempre acababa muy cansado. Cuando me preguntaba el número de veces que aún debía rodear esa piscina decía para mí “[taco no reproducible], todavía me quedan X vueltas” y se me caía el mundo encima. Sin embargo, un día, y ante la misma pregunta, oí responder a otro chico en voz alta: “vamos, SÓLO quedan X vueltas”. ¡Ahí había una diferencia importante! No, ese chico no se llamaba Rafael Nadal, tranquilos…

En Caballito de Palermo se ensalza una idea fantástica clave muy relacionada con esto: “aprender a pensar”. Y el pensamiento positivo es inmensamente útil aquí.

No obstante, hemos visto por aquí y por allá que muchos niños aprenden a pensar… ¡exactamente como sus padres! Mismos aciertos, mismos errores…

¿Cómo se le enseña a un niño a pensar de forma correcta?

Respuesta:

Es muy interesante el ejemplo de lo que te decías cuando debías dar vueltas a esa piscina.

Podemos citar otro ejemplo muy común: dos niños amigos ven que comienza a nevar, mientras uno piensa “uff, qué mala suerte, con esta nieve no voy a poder salir a jugar con mis amigos”, y el otro está pensando: “¡qué bueno! ¡Voy a poder ir a esquiar con mis amigos!”.

Es muy ilustrativo de cómo nuestros pensamientos respecto a una misma situación van moldeando nuestros estados de ánimo, nuestros futuros pensamientos y, finalmente, nuestro carácter.

Los pensamientos positivos son esenciales en la educación y en el crecimiento personal en general.

Ernesto – ¡ahora ya cerca de ser Maestro Internacional de ajedrez! – juega una partida de ajedrez “a la ciega” contra los chicos. El ayudante, mientras, mueve las jugadas en el tablero mural.

También me gustaría ilustrar este tema con otro cuento sufí que le solemos contar a nuestros alumnos, el del sapito sordo que logró alcanzar la cima de la montaña justamente por no oír lo que decía la multitud: “es muy difícil, no lo van a conseguir, qué lástima, etc.”. Y fue el único que llegó. En este caso, el sapito siguió en busca de su objetivo por no escuchar el entorno. El asunto más complicado es cuando el mismo niño es el que se dice a sí mismo: “es muy difícil o no voy a poder”. Cuando tiene muy internalizados los “gritos de desaliento”.

El Coaching ontológico (y la PNL, Programación Neurolingüística) propone justamente ser conscientes del discurso interno que “nos decimos” en diferentes circunstancias y que nos lleva a repetir los mismos errores o, por el contrario, a generar respuestas diferentes. Ambas disciplinas apuntan al aprendizaje generativo, aquel aprendizaje que logramos cuando estamos dispuestos a revisar nuestros modelos mentales o nuestra manera de pensar sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

Particularmente, soy una apasionada de este tipo de aprendizaje y es lo que trato de transmitir en mis clases o en las capacitaciones de nuevos docentes.

Pregunta:

¡Se nota! ¿Y qué le dirías a un niño, como aquel tenista, que ve sólo la parte negativa de una situación, antes de empezar una partida de ajedrez?

Respuesta:

Le contaría, por un lado, otro cuento sufí en el que dos caminantes consultan al mismo anciano sobre cómo es la gente del pueblo que viene [a continuación] y el anciano les contesta con otra pregunta: ¿cómo era la gente del pueblo de dónde vienes? Uno de ellos le responde que muy egoístas y malvados. Entonces el anciano le responde que la gente del pueblo siguiente es exactamente igual. El otro en cambio responde que eran buenos, generosos y que le costó mucho dejarlos. Entonces la respuesta del anciano es: la gente del pueblo que vas a visitar es exactamente igual…

¿Cómo pudo dar dos respuestas tan diferentes a una misma pregunta? El cuento termina diciendo: cada uno encuentra lo que espera encontrar, lo que lleva en su mente y en su corazón es lo esencial.

Pasa también por darle el impulso por el juego y la diversión, más allá del resultado. Fortalecer, a través de las palabras, su autoconfianza. Como dice el dicho: no importa si pierdes o si ganas, ¡lo importante es no perder las ganas!

Y hay algo más: recurrir a la propia historia, a la personal del docente, lo que sintió y recuerda de sus primeras partidas jugadas y perdidas (o ganadas). A veces el niño aprende más con estas anécdotas, con experiencias cargadas de emoción y afecto, que con mil palabras aleccionadoras.

Pregunta:

¿Por qué crees que es tan importante que los niños aprendan a pensar y a resolver pequeños problemas por sí mismos cuanto antes, y cómo permite hacer esto el ajedrez?

Respuesta:

Dos cosas principalmente: la confianza en sí mismos y la independencia. Le damos mucha importancia no sólo a resolver, sino también a crear problemas. Pasar a ser creador le da un rol activo e independiente. Pasa a ser generador, a producir nuevas situaciones.

¿Nos divertimos un rato jugando una partidita de ajedrez?

Pregunta:

Precisamente tu marido, Ernesto Juliá, es neurobiólogo, además de ajedrecista… Nuestros cerebros contienen millones de neuronas, así que Ernesto debe conocer bien cómo funcionan nuestros cerebros adultos (obviamente, por razones éticas, esto está mucho menos explorado en niños) durante una partida de ajedrez y cómo nos enfrentamos a la toma de una decisión compleja. “Las ventajas del Preajedrez” y “Redes Neuronales y Aprendizaje” han sido algunas de sus conferencias relacionadas con el tema. Tú también estudiaste Programación Neurolingüística (PNL)…

Con vuestros recursos expresivos, artísticos, corporales y lúdicos parecéis cubrir en buena medida los diferentes estilos de aprendizaje de los niños y proporcionáis también un valioso aprendizaje y pensamiento emocional.

Respuesta:

Hay que tener en cuenta el momento del desarrollo cerebral de acuerdo a cada edad.

A los 4 años se están estableciendo muchísimas interconexiones entre las redes neuronales de distintas áreas involucradas. Por eso es muy importante trabajar con varias propuestas diferentes y de corta duración, para poder captar la atención de los niños.

A los 5 años esas interconexiones están más establecidas y se puede trabajar con menor cantidad de estaciones (de juego) y períodos mayores de tiempo.

A partir de los 6 años, las conexiones están muy consolidadas. Allí es cuando comenzamos a trabajar con no más de 3 propuestas y tiempos mayores de duración.

Las propuestas diferentes incluyen los distintos estilos de aprendizaje.

Ernesto muestra la estructura interna de nuestro cerebro; los protagonistas: ¡las neuronas!

Pregunta:

Cuentas que en una partida de ajedrez en Suiza, tras una partida muy disputada, tu contrincante perdió y dio un puñetazo a la mesa… Por el contrario, tras conseguir realizar algo complicado – como ganar una partida complicada de forma bonita o hacer algo que nunca habíamos conseguido sacar adelante – la alegría es indescriptible.

Hay niños que se enfadan cuando pierden en un juego, sobre todo si lo hacen con compañeros más pequeños. Algunos incluso dejan de jugar por esto.

¿Cómo manejáis estas situaciones?

Respuesta:

Este es un problema muy común que se manifiesta en forma intensa en el primer torneo que juegan o la primera vez que concurren a algún club o espacio donde se enseña ajedrez. En muchos casos, esta problemática continúa durante mucho tiempo, incluso años.

Es esencial hablar de estos temas con los chicos, ir preparándolos, ser cuidadoso y sensible con el niño que va por primera vez, no enfrentándolo con otro niño para ver quién gana, sino hacer un trabajo previo muy lúdico y grupal.

A veces el niño, al perder inconscientemente, pone en juego su valía personal, su autoconfianza, sus ganas de seguir jugando. A veces reforzado por su entorno familiar.

Dar charlas a los padres sobre estos aspectos es fundamental para que no haya un doble mensaje. Y que realmente puedan acompañar a su hijo en este proceso.

Continuará en la parte 4 (o no)

 



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