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Ajedrez educativo en Olite (2): creatividad (parte 2)

Hablamos de la trampa de las categorías, contamos algunas historias curiosas y finalizamos con un resumen de puntos para fomentar la creatividad.

16 de diciembre de 2016

En cuanto a cómo se origina la creatividad, tocamos de paso una posible definición, que toca el importante aspecto de “recogida y suma de pedacitos” (o ideas) para generar algo mayor que la suma de las partes. El proceso – típico del estilo de Asimov, por ejemplo – suele ser:

1) Descender a lo más básico,

2) Eliminar los filtros: reexaminar para ver lo que está en orden y lo que son convenciones de algún tipo (social, cosas dadas por supuestas, etc) no necesariamente correctas en todos los puntos del plano (la materia que estamos tratando) de conocimiento – sobre todo, buscar en sus límites –.

3) Reestructurarlo de forma adecuada, si corresponde, buscando ideas relacionadas con otras materias

4) Ver lo que sale que pueda ser útil, testearlo, etc

Este proceso queda ilustrado en un experimento clásico conocido como El problema de la vela. En él encontramos el problema de los filtros a eliminar, muy relacionado con la llamada a veces “trampa de las categorías” de la que hablaremos en breve.

En la definición anterior hay algo que me choca bastante y es “de forma sorprendente”. Algo que, de hecho, debería bastar para echar por tierra la definición en sí misma (usando el familiar término, “habría que reestructurarla”). [i]

Bueno, llegamos a las “cajas”: la “trampa de las categorías”. Cito de la respuesta en Quora:

“[…] estamos inmersos en el “problema de las categorías”, algo así como cajones mentales donde hemos ido metiendo cada cosa en su cajón correspondiente (qué suele ser, para qué sirve, etc).

Ejemplos de objetos:

lápiz → cajón “objetos para dibujar o escribir”;

tenedor → “objetos para comer” (si fueran ‘palillos’ podrían ir en varios cajones);

móvil o celular → edificio entero, lleno de cajones…

Los “cajones” son bastante prácticos para moverse por el mundo, pero también restringen “otras posibilidades”, si no sabemos abrir más de uno o dos… Sobre todo, si hacemos muchas cosas sin prestar atención o pensar un poco en ellas (como cita a menudo Ellen Langer, por ejemplo). [ii]

Antes hemos hablado de objetos, pero podemos meter cualquier información en un cajón y cerrarlo sin apenas mirar qué es. Esto es frecuente al escuchar noticias, leer comentarios en Facebook, etc. Como no podemos gastar continuamente energías para analizar todos los estímulos, muchos acaban en ciertos cajones sin apenas un reconocimiento crítico básico, particularmente aquellos que apoyan nuestras creencias y/o puntos de vista.

Pero esto tiene un precio. Y se nota bastante con el ajedrez y la prensa, por ejemplo.

Por ejemplo, tomamos los resultados finales de los estudios como sentencias que prueban o desmienten algo sin darnos cuenta de que apenas sabemos nada del proceso interno, a veces tampoco de los límites que imponen las medidas estadísticas y los “engañosos” promedios, etc.

¿Es realmente cierto que “el ajedrez no ayuda a mejorar en matemáticas o comprensión lectora”, como “demostró” el estudio de Reino Unido, o tiene tales inconsistencias internas que no lo hacen apto para ser tomado al pie de la letra? ¿Sucede esto, pero a la inversa, con otros estudios en los que el resultado ha sido positivo?

¿Valor útil del rey? Diapositiva de la conferencia Ajedrez y Matemáticas

Con el dicho “el ajedrez no tiene efectos secundarios” (a veces se añade “conocidos”) ocurre otro tanto. ¿Alguien se ha tomado la molestia de buscarlos? Si hubiera pasado Sócrates te habría dado un capón por decir semejante cosa: para comentar algo sobre lo que ni se sabe ni se ha pensado sobre ello realmente mejor no decir nada.

Esto crea la falsa impresión de que todo es positivo. Cuando esto ocurre (de cualquier cosa) y no hay crítica suele ser señal de que algo va realmente mal. En los mercados bursátiles existe la “ley del sentimiento contrario” : si ves que en la prensa aparece “todo va muy bien, invierta en Bolsa” y te lo comenta tu vecino, ¡saca todo tu dinero de ahí! A renta fija…

Además, ¡todo tiene efectos secundarios! Por supuesto que las vacunas tienen efectos secundarios, así como dar cabezazos al balón. Se suprime de la frase cuando se entiende que las probabilidades de que ocurra algo negativo son “mínimas”, pero, si has estado en una operación con anestesia, sabrás que están ahí.

Bueno, y en el caso del balonazo hay que ver – sobre todo en el caso de niños – y, más aún, niñas –, porque el cerebro reacciona así ante un golpe relativamente flojito de una mano… [iii]

¿Y qué pasa con el ajedrez? En cualquier proceso de aprendizaje suelen aparecer “cosas que no se ven a simple vista”. En tal caso, las empieza a ver el docente que llega más adelante y entonces puede ser demasiado tarde. En el ajedrez, muy probablemente, pasa lo mismo, siendo el docente – como es lógico – muy influyente en este proceso. [iv]

Esta siguiente diapositiva, que se mostraba secuencialmente (primero el título, luego la tumba, luego el resto), tiene que ver con una anécdota curiosa.

Preparando una presentación en dos sesiones sobre la vida de Bobby Fischer para un grupo de adultos con nivel ajedrecístico medio, pero con intención de pasarla también a mis alumnos más jóvenes (de 7 a 18 años, en esa época), recordé algo…

En tiempos, cuando había escuchado la vida de Fischer, me había quedado un gusto amargo, ya que lo que viene tras el campeonato mundial de 1972 es, básicamente, un declive (en casi todos los aspectos). Ese gusto procedía de que esa parte de la historia transcurría al final.

¿Habría alguna forma de evitar que los niños se quedaran con esta imagen tan triste de Bobby?

En realidad, hay una muy sencilla: al igual que hicimos en la Conferencia de ajedrez y matemáticas con la cinta temporal de Gauss, podemos invertir la cronología. Así, el primer día hablé de su familia, infancia, torneos y demás, hasta justo antes del Campeonato mundial de 1972. Y el segundo día… ¡comencé con la imagen de la tumba!

Así, partiendo de su lugar de entierro, allá en Islandia, la historia fue contada hacia atrás (posible hija, match de 1992 con Spasski, etc) hasta que en 1972 volví a tomar la dirección habitual del tiempo, hacia adelante, y comenté muchas cosas espectaculares del match. La última imagen fue Fischer con la “corona” de campeón mundial…

Para el día siguiente, a los niños y niñas les hice un test de opción múltiple (a responder en casa) sobre lo que habían visto. Las puntuaciones fueron muy altas.

Conclusión: al margen del posible registro en la memoria de ciertos datos con una valencia positiva, las niñas y niños guardaban un recuerdo emocionante y alegre de Fischer.

Hay mucha más información en lo que no percibimos (conscientemente) que en lo que sí percibimos. [v]

Igualmente, en una partida de ajedrez suele haber más detalles de interés en lo que no se ha dado en el tablero que en las jugadas realizadas. De ahí que sea clave analizar nuestras propias partidas.

Esta imagen recuerda un enigma de deducción y pensamiento crítico que a mí me gusta bastante y encuentro muy útil para lo que llamamos “Aprender a pensar críticamente”. Sí, es algo que no se ve… pero ¿qué, y por qué?

Por fin llegamos al punto final, con la famosa imagen del iceberg… Claro que, como hablamos de creatividad, no está de más que la imagen sea una creación, un montaje. [vi]

El iceberg recuerda que lo que no se percibe guarda más información que lo que percibimos. En este libro representa otro concepto de gran interés: el pensamiento inconsciente (por debajo del nivel del mar).

¿Puntos importantes para la creatividad? Se ha hablado tanto sobre esto que simplemente vamos a exponer algunos muy básicos, ya citados:

1) Leer, buscar información sobre las cosas y hacer preguntas deberían aumentar la cantidad de conocimiento sobre diferentes materias (el agua dulce que hay en la parte sumergida del iceberg).

2) Pensar cómo son las cosas de verdad y cómo funciona el mundo lleva a cuestionarse cosas que quizá no sean ciertas.

3) ¿Y si…? Proyectar mentalmente situaciones con ligeras variaciones (no puedo subir a ese árbol; pero ¿y si… pusiera esa piedra de esta forma?) es el germen de soluciones diferentes. En este proceso es útil abrir los cajones de las categorías y buscar otros usos menos cotidianos de objetos, conceptos, etc.

4) Reestructurar como un LEGO, volviendo a lo básico y construyendo poco a poco, puede resolver problemas de grandes edificaciones de conocimientos ya construidas.

REFERENCIAS

[i] “De forma sorprendente” resulta ser un juicio tan subjetivo que no debería entrar en una definición.

Lo que a mí me sorprende puede que a ti no, por lo que no podemos hablar de algo sorprendente en sí mismo (depende de nuestro criterio). Se presupone que sorprende por lo novedoso, por lo cual simplemente podría añadirse “de forma novedosa” o “no conocida previamente”.

[ii] Por ejemplo, en su libro Mindfulness, la conciencia plena, el cual no he tenido el placer de leer aún, Ellen Langer habla de los automatismos, e incluye:

– la trampa de las categorías,

– la conducta automática,

– actuar desde una perspectiva única.

[iii] Da la impresión de que éste es un tema que muchos padres prefieren no escuchar.

Para empezar no sé si la pregunta de si pueden morir neuronas, y cuántas, en una acción de este tipo (un cabezazo al balón) está abierta. Personalmente, no he leído nada sobre ello y desconozco hasta qué punto es posible que ocurra.

En Scientific American, por ejemplo, salió publicado ¿Cabecear una bola de fútbol puede dañar el cerebro? En España también el periódico ABC dedicó algunos artículos, como «Los niños no deberían dar cabezazos a un balón de fútbol hasta cumplir los 18 años».

Como factores biológicos influyentes, el artículo de Scientific American cita – hablando “sólo” de la posibilidad de sufrir una conmoción cerebral:

“Es un tema muy complejo. Usted tiene fuerzas biomecánicas que pueden ser medidas, como la aceleración lineal y la de rotación, pero estamos lidiando con un humano y no un objeto inerte en un laboratorio. Hay un montón de factores biológicos que influyen en que ese ser humano tenga una conmoción cerebral o no:

  • cuántas conmociones cerebrales ha tenido antes,
  • la gravedad de dichas conmociones cerebrales y
  • lo seguido una de otra que se produjeron.

Otros factores a tomar en cuenta son:

  • la edad – es más fácil sufrir una conmoción a una edad más temprana y la recuperación es más lenta –;
  • la fortaleza de su cuello – si tiene un cuello fuerte, se reduce significativamente la posibilidad de una conmoción cerebral –;
  • estado – si está deshidratado es más probable que tenga una conmoción cerebral–; y
  • el sexo – las mujeres son más proclives a las conmociones que los hombres.”

[iv] En el artículo sobre el estudio de Reino Unido aparecen más detalles de lo que a mí, personalmente, me parece un punto crítico.

[v] ¿A quién no le pasado perder algo de vista y olvidarse de ello? En el libro 59 segundos, Richard Wiseman comenta en el capítulo Fuera de la vista, fuera de la mente:

[Traducción del inglés]: “La investigación muestra que simplemente colocar la comida o bebida lejos de la vista o moverla un poco más lejos puede tener un gran efecto sobre su consumo.” Se ha realizado este tipo de experimentos con varios productos; sí, hasta con el contador de la luz…

Por otra parte, algo que he visto a menudo con los entrenamientos de niños y niñas financiados de alguna manera (por la Federación, los clubes, etc) es que, como citan Levitt y Dubner en Piensa como un freakcuando la gente no paga el coste real de algo, tiende a consumirlo de manera ineficiente.” Es decir, como los padres no lo pagan (no lo perciben) puede llegar a ser como si no existiera o fuera algún tipo de derecho adicional a percibir.

El contexto del libro es la atención sanitaria de Reino Unido:

“¿Qué hay de malo en eso? Cuando la gente no paga el coste real de algo, tiende a consumirlo de manera ineficiente.

Piensa en la última vez que te sentaste en un restaurante de bufet libre. ¿Cuántas probabilidades había de que comieras más de lo normal? Lo mismo ocurre si la atención sanitaria se distribuye de manera similar: la gente consume más de lo que consumiría si le cobraran el precio que corresponde. Eso significa que los hipocondríacos superan a los verdaderamente enfermos, los tiempos de espera se incrementan para todos y una enorme parte de los costes se dedica a los meses finales de pacientes ancianos, con frecuencia sin mucho beneficio real.”

[vi] Más información



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